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Nueva generación de microchips argentinos


Un grupo de científicos argentinos desarrolla memorias electrónicas resistentes que pueden ser utilizadas en satélites espaciales sin perder información o deteriorarse.
Los microchips podrían ser fabricados en Argentina, lo que significaría un avance inédito de la ingeniería electrónica nacional.
El equipo que integra el proyecto MeMOSat trabaja en el desarrollo de una nueva tecnología para fabricar memorias electrónicas no volátiles utilizables en satélites artificiales.
Esto significa que al ser expuestas a condiciones adversas, como las existentes en el espacio exterior, podrían resistir sin degradarse y ser capaces de retener bits de información frente a interrupciones de energía.
Los técnicos del Centro - INTI Micro y Nano electrónica del Bicentenario trabajan en el desarrollo de películas delgadas para los nuevos microchips, cuyo espesor es menor a 100 nanómetros.
Actualmente las memorias utilizadas en pendrive, computadoras y otros equipos electrónicos son fabricadas con silicio, un material que proviene de la arena.
Pero estos dispositivos no siempre están preparados para funcionar cuando entran en escena factores externos, como temperaturas extremas, estrés físico o radiaciones.
Ante estos escenarios, los microchips que se utilizan en la actualidad pueden deteriorarse y perder información fundamental para su funcionamiento.
Es por ello que desde 2009 un equipo multidisciplinario de científicos y tecnólogos, liderado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), e integrado además por el Conicet, la UBA, la UnSam y el INTI, comenzó una búsqueda para utilizar nuevos materiales, tales como óxidos y metales, con el fin de obtener una nueva base tecnológica para la fabricación de las memorias.
En el caso del INTI, los técnicos que forman parte del proyecto utilizan dióxido de Titanio (TiO2) para desarrollar las películas delgadas de los nuevos microchips, con un espesor menor a 100 nanómetros.
Teniendo en cuenta que 1 nanómetro equivale a 1 millonésimo de milímetro, si se apilan 1 millón de películas alcanzaría el tamaño de una cabeza de alfiler.
Las memorias resistivas, también conocidas como ReRAM, ocupan un lugar preponderante entre las nuevas tecnologías.
Además de funcionar en satélites espaciales no tripulados también podrían aplicarse para el procesamiento de reactores nucleares o el monitoreo de actividad volcánica.
La gran ventaja en comparación con las memorias tradicionales es su posibilidad de continuar funcionando sin deteriorarse frente a interrupciones de energía.  
Por ejemplo, si los satélites espaciales contaran con esta nueva tecnología, podrían permanecer en stand by, es decir, apagados por un lapso de tiempo determinado, y al brindarles energía nuevamente, la memoria comenzaría a funcionar sin deteriorarse ni perder información.
Otros aspectos destacables de estos chips emergentes es que son miniaturizables y de bajo consumo.
Actualmente, los miembros del MeMOSat avanzan en el estudio de los posibles materiales, realizando prototipos y analizando sus caracterizaciones.
Una vez finalizada la etapa de investigación, los chips podrían ser fabricados en Argentina, lo que significaría un avance inédito en materia de ingeniería electrónica para el país.

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